http://dx.doi.org/10.17398/1886-9440.11.1
Emiliano J. Buis
(Universidad de Buenos Aires - CONICET)
La defensa de las
emociones: Gorgias y la producción retórica de páthe en el Encomio de Helena
The Defense of Emotions: Gorgias and the Rhetorical Production of Páthe in the Encomium to Helen
Abstract: On the
basis of a comparison with the rhetorical presentation of pathe as means of persuasion in Aristotle’s Rhetoric, this paper intends to shed light on the importance of the
construction of emotional effects in the Encomium
of Helen. The purpose is to show the way in which Gorgias manages to resort
to an efficient argumentative use of affections (and their manipulation) in the
judicial arena even before the theoretical attempt by Aristotle.
Key
Words: Gorgias, Helen, emotions, Aristotle,
rhetoric, law.
Resumen: A partir de una
comparación con la presentación retórica de los páthe como medios de persuasión en la Retórica de Aristóteles, este trabajo procura echar luz sobre la
importancia de la construcción de efectos emotivos en el Encomio de Helena. El objetivo es mostrar de qué modo, antes del
intento de teorización aristotélico, Gorgias ya consigue sentar bases para un
uso argumentativo eficaz del rol de los afectos (y su manipulación) en el
ámbito judicial.
Palabras Clave: Gorgias, Helena, emociones, Aristóteles,
retórica, derecho.
Fecha de Recepción: 25 de abril de 2016.
Fecha de Aceptación: 11 de septiembre
de 2016.
1. Introducción[1]
Si bien los debates sobre la responsabilidad de
Helena
en el desencadenamiento de la Guerra de Troya se han extendido a lo largo de
toda la literatura griega clásica y encuentran numerosas fuentes de apoyo, el
esfuerzo poético que Gorgias emprende en su Encomio,
a fines del s. V a.C., resulta novedoso en tanto que instala una serie de
argumentos sofísticos de corte judicial. Entre juego y ejercicio de alegato
tribunalicio, el texto recurre a una serie de explicaciones, diferentes pero
interdependientes, destinadas a exculpar a Helena.
El
propósito de este trabajo es retomar el análisis de los dispositivos
persuasivos del discurso encarando su estudio a partir del reconocimiento de
sus alcances emotivos. Así, desde un interés centrado en las perspectivas
teóricas recientes en torno de la importancia del elemento afectivo en el derecho,
nos interesará aquí identificar las estrategias literarias que pone en juego la
prosa gorgiana para producir verdaderos páthe
en el auditorio. En suma, se intentará mostrar cómo –incluso antes de la
teorización aristotélica del Libro II de la Retórica–
la manipulación emotiva se presenta como un mecanismo conveniente y un
instrumento eficaz para toda actuación en el ámbito jurídico.
1. ¿Helena responsable? De Homero a Gorgias
El
debate en torno de la responsabilidad de Helena en el desencadenamiento de la
Guerra de Troya ha sido frecuente a lo largo de la propia antigüedad, y no son
pocos los textos que se han ocupado de consolidar una acusación en su contra o
de absolverla.[2]
Ya en Ilíada, por ejemplo, es célebre
el pasaje del canto III en que
Príamo atribuye la culpabilidad por los eventos a las divinidades y no a ella (vv.
161-165):
ὣς ἄρ᾽ ἔφαν, Πρίαμος δ᾽ Ἑλένην ἐκαλέσσατο φωνῇ·
δεῦρο πάροιθ᾽ ἐλθοῦσα φίλον τέκος ἵζευ ἐμεῖο,
ὄφρα ἴδῃ
πρότερόν τε
πόσιν πηούς τε
φίλους τε·
οὔ τί
μοι αἰτίη ἐσσί,
θεοί νύ μοι αἴτιοί
εἰσιν
οἵ μοι ἐφώρμησαν
πόλεμον
πολύδακρυν Ἀχαιῶν·[3]
Y así hablaron, pero Príamo llamó a Helena con
esta voz: “Ven hacia aquí, querida hija, y siéntate delante de mí, para que
puedas ver a tu anterior marido, sus parientes y amigos; no eres la culpable
para mí, sino que los dioses son los culpables, aquellos que promovieron contra
mí la luctuosa guerra de los aqueos.[4]
Fuentes posteriores, en cambio, se han encargado de
alternar esta visión con una imagen menos favorable de la espartana. La propia
Helena alegará, por ejemplo, en Odisea
IV, vv. 146-147, haber sido culpable (ὅτ᾽ ἐμεῖο κυνώπιδος εἵνεκ᾽ Ἀχαιοὶ / ἤλθεθ᾽ ὑπὸ Τροίην..., “cuando
por culpa mía, la de ojos de perra, llegaron ustedes los aqueos a Troya...”) y
en la propia obra parece más bien atribuirse la causa a Afrodita y a Ate (vv.
261-263).[5]
Este contrapunto entre atribución y exención de responsabilidad recorre los
textos épicos de época arcaica, y si bien se ha intentado a menudo
compatibilizarlos para crear una visión uniforme del rol de Helena, lo cierto
es que deviene imposible encontrar en Homero criterios sólidos que permitan
hallar una consistencia absoluta entre los distintos pasajes.[6]
Un reconocimiento de la aitía de Helena en la guerra, semejante al que parece primar en Odisea, se vislumbra también, por
ejemplo, en el fr. 16 de Safo, en el que la poetisa —para referirse a
Anactoria— introduce una comparación con la esposa de Menelao, quien abandonó a
sus seres queridos por efecto de la seducción (vv. 6-11):
ἀ γὰρ
πόλυ
περσκέθοισα
κάλλος [ἀνθ]ρώπων Ἐλένα. [τὸ]ν ἄνδρα
τὸν
[περ ἄρ]ιστον
καλλ[ίποι]σ᾽, ἔβα ᾽ς
Τροΐαν
πλέοι[σα
κωὐδ[ὲ πα]ῖδος
οὐδὲ
φίλων το[κ]ήων
πά[μπαν] ἐμνάσθ<η>, ἀλλὰ
παράγαγ᾽ αὔταν...[7]
Pues la que superaba con mucho a los hombres en
belleza –Helena– habiendo dejado a su esposo (el mejor de todos) viajó a Troya
navegando. Y de ninguna manera se acordó de su hija, ni de sus padres. Sino que
la sedujo…[8]
El Encomio de
Helena se construye, pues, sobre esta tradición literaria.[9]
Sin embargo, en la medida en que se trata de un texto retórico de alabanza
(epidíctico) signado por una fuerte impronta forense,[10] en su
texto Gorgias ensaya interesantes estrategias argumentativas propias del
discurso de defensa judicial.
2. Las emociones
y su función retórica
La clave exegética que proponemos desarrollar aquí se
vincula con la dimensión afectiva, que resulta esencial en la construcción
discursiva de la rhêsis gorgiana.
Partimos de la base de que, desde un punto de vista teórico, se concibe una “emoción”
como una interacción de complejos diferenciados entre sistemas biológicos,
físicos y socio-culturales.[11]
Las emociones, por tanto, resultan expresiones socialmente significativas, que
dependen de costumbres, usos e instituciones comunes[12] y que
—en tanto tales— no es posible identificarlas en un listado único o en un
número preestablecido a pesar de los variados intentos históricos por
categorizarlas.[13]
La
definición propuesta, de claro sesgo instrumental para nuestro análisis, deja
en claro que las emociones no son elementos naturales, sino que se trata de
constructos aprendidos y reforzados mediante interacciones sociales.[14]
Siguiendo así algunas líneas teóricas, podría decirse que habría, en rigor de
verdad, dos sistemas interdependientes y necesarios de las emociones en la
experiencia humana: uno primero, más intuitivo, automático, preconsciente e
irreflexivo, y uno segundo, más lento, reflexivo y gobernado por reglas.[15]
En esta doble dimensión, pues, los sentimientos transmiten información sobre la
gente y los procesos inconscientes que luego se tornan conscientes y afectan a
sus creencias y sus percepciones.[16]
Si,
entonces, toda racionalidad presupone a fin de cuentas un sustento emotivo
inicial,[17]
las pasiones constituyen requisitos imprescindibles para comprender el
comportamiento o la conducta de los sujetos involucrados y, por lo tanto, para
explicar el surgimiento de las reglas que condicionan sus acciones.[18]
Es por ello que en todo sistema jurídico la dimensión afectiva deviene fundamental. Es claro a
partir de estas líneas que el derecho, pues, alberga emociones;[19]
a partir de los trabajos publicados
recientemente en torno de la importancia de este nuevo campo de estudio,[20] es posible por ejemplo examinar los modos en que
judicialmente se construye el elemento emotivo como dispositivo de persuasión
del auditorio.
En el contexto griego antiguo —en que el también ha
anclado el affective turn como eje de
interpretación—[21]
no ha de llamar la atención que encontremos en los tribunales atenienses
apelaciones concretas al factor emotivo, dado que muchas veces la recurrencia a
circunstancias extra-legales podían influenciar el juicio de los dikastaí,[22]
quienes no necesitaban justificar su voto y actuaban entonces muchas veces
movidos por la persuasión del hablante. Baste recordar las palabras del orador
Dinarco que, quejándose del modo en que funcionaban las cortes populares a
diferencia del Aréopago, sostenía que el jurado solía conceder más importancia
a la simpatía que a la justicia (τῇ
σῇ γνώμῃ
πλέον ἢ τῷ δικαίῳ ἀπονέμοντες, 1.55).[23]
A tal
punto debía ser esto así que, para el
s. IV a.C., Aristóteles desarrolló una verdadera teorización del páthos como pieza central de la
construcción discursiva de los alegatos forenses. Según el filósofo, las
pruebas fundamentales suministradas mediante el discurso (πίστεις
ἔντεχνοι) o
modos de persuasión, sin las cuales no es posible construir un argumento,
incluyen el carácter del que habla (ἦθος), la
creación de cierta predisposición en el oyente (πάθος) y la
construcción del razonamiento de lo que quiere demostrarse (Rhet. 1356a):
τῶν
δὲ
διὰ τοῦ
λόγου
ποριζομένων
πίστεων τρία εἴδη
ἔστιν˙
αἱ
μὲν
γάρ εἰσιν ἐν
τῷ ἤθει
τοῦ
λέγοντος, αἱ
δὲ ἐν
τῷ
τὸν
ἀκροατὴν
διαθεῖναί
πως, αἱ δὲ ἐν
αὐτῷ
τῷ
λόγῳ διὰ
τοῦ
δεικνύναι ἢ
φαίνεσθαι
δεικνύναι.[24]
De las
pruebas suministradas por el discurso hay tres tipos: pues unas están en el
carácter de quien habla, otras en el hecho de disponer de alguna manera al
oyente y otras en el propio discurso, por el hecho de demostrar o parecer
demostrar.
Como
veremos, entre las pruebas que
consisten en orientar al público hacia un determinado estado de ánimo cumplen
una función central las emociones. Es nuestro propósito aquí tomar el ejemplo
del Encomio de Helena para mostrar
que, sin lugar a dudas, en este rol
afectivo de la argumentación parece ya haber sido pionera la labor
compositiva del sofista Gorgias.
3. La eficacia de la apelación afectiva en el Encomio
de Helena
El texto
del Encomio, de fecha incierta pero
claramente datado a fines del s. V a.C.,[25] se
estructura en torno de un razonamiento en el que Gorgias argumenta que Helena
pudo haber actuado como actuó a causa de cuatro eventuales motivaciones: la
fortuna (τύχη), la violencia (βία), la
palabra (λόγος) o el amor (ἔρως). En
todos los casos —y he aquí la lógica subyacente que estructura el razonamiento—
se demuestra que hay en juego una fuerza mayor que le quita a Helena la
responsabilidad sobre sus actos. No llaman la atención sus argumentos,
mayormente de extracción homérica, pero sí su formulación argumentativa de
tenor jurídico.[26]
En todos los casos puede concluirse que, dado que fue algo lo que hizo que Helena actuara, ella no debe ser considerada
responsable dado que la acción realmente correspondió sea a un dios, a Paris,
al discurso o bien a la pasión erótica.[27] En
esta identificación de la agencia, a fines del pasaje VII de la obra Gorgias
recurre a la fijación de una antítesis que opone a Helena y a Paris,
entendiendo a la primera como víctima pasiva y al segundo como agresor activo:[28]
ἡ
δὲ
βιασθεῖσα
καὶ τῆς
πατρίδος
στερηθεῖσα
καὶ των φίλων
ὀρφανισθεῖσα
πῶς
οὐκ
ἂν
εἰκότως
ἐλεηθείη
μᾶλλον
ἢ
κακολογηθείη;
ὁ
μὲν
γὰρ
ἔδρασε
δεινά, ἡ
δὲ ἔπαθε·
δίκαιον
οὖν
τὴν
μὲν
οἰκτῖραι,
τὸν
δὲ
μισῆσαι.[29]
Pero la
que fue violentada, apartada de su patria y privada de sus amigos, ¿cómo no es
verosímil que sea compadecida más que difamada? Pues él [Paris] hizo cosas
terribles y ella las padeció; es justo pues compadecerla a ella y odiarlo a él.
La
acción del troyano es contrapuesta por la pasión de la esposa de Menelao y es
en este contrapunto que cobra importancia el plano de los afectos. Gorgias
propone compadecerse de Helena (ἐλεηθείη,
οἰκτῖραι)
mientras que Paris debe ser detestado (μισῆσαι). Esta
línea de reflexión, sustentada en el juego entre compasión y odio, se continúa
en el pasaje siguiente (VIII), en el que se personifica el lógos para convertirlo en un generador de sentimientos mediante los
que se rescata a Helena:
εἰ
δὲ
λόγος
ὁ
πείσας καὶ
τὴν
ψυχὴν ἀπατήσας,
οὐδὲ
πρὸς τοῦτο
χαλεπὸν ἀπολογήσασθαι
καὶ τὴν
αἰτίαν
ἀπολύσασθαι
ὧδε.
λόγος
δυνάστης
μέγας
ἐστίν,
ὃς
σμικροτάτωι
σώματι
καὶ ἀφανεστάτωι
θειότατα ἔργα
ἀποτελεῖ·
δύναται
γὰρ
καὶ φόβον
παῦσαι καὶ
λύπην
ἀφελεῖν
καὶ χαρὰν
ἐνεργάσασθαι
καὶ ἔλεον
ἐπαυξῆσαι.
ταῦτα δὲ ὡς
οὕτως
ἔχει
δείξω·
Pero si
fue el discurso el que persuadió y engañó al alma, no es difícil defenderla de
esto y liberarla de la acusación así: el discurso es un gran soberano, que con
el cuerpo más pequeño e imperceptible realiza las acciones más divinas: pues
puede no sólo detener el temor sino también quitar la tristeza, producir
alegría e intensificar la compasión. Mostraré cómo son estas cosas.
Si el lógos
persuade, como si fuese un dios, es porque está en condiciones de motivar los
afectos de quienes lo escuchan.[30]
El vocabulario del pasaje, cabe señalar, incluye una serie de términos que
veremos reflejada en el análisis aristotélico de las emociones. Así, el temor (φόβος, Rhet. II,
5) y la compasión (ἔλεος, Rhet.
II, 8), como también el dolor
(λύπη) o la alegría (χαρά),[31]
encuentran un eco en el texto de la Retórica.[32]
En efecto, para comprender de manera cabal el
dispositivo discursivo gorgiano corresponde recuperar a Aristóteles. La teoría
aristotélica —al menos como está planteada en Retórica— deviene útil en términos comparativos, en tanto podría
muy bien reconocerse en los pasajes señalados de Gorgias una suerte de
precuela, casi como un ejercicio práctico avant
la lettre que ya ilustraba de modo muy práctico los efectos de la
producción retórica de emociones.
Es preciso traer aquí a colación que Aristóteles
define los páthe en un brevísimo
pasaje de Retórica (2.1, 1378a20-23),
en el que brinda ejemplos que se asemejan a lo que hoy concebimos como
emociones y a lo que Gorgias incluye como dimensiones de impacto del lógos:[33]
ἔστι
δὲ
τὰ
πάθη δι᾽ ὅσα
μεταβάλλοντες
διαφέρουσι πρὸς
τὰς
κρίσεις οἷς
ἕπεται
λύπη καὶ ἡδονή,
οἷον
ὀργὴ ἔλεος
φόβος καὶ ὅσα
ἄλλα
τοιαῦτα,
καὶ τὰ
τούτοις ἐναντία.
Son las emociones aquello por lo que los hombres
cambian y difieren en cuanto a sus juicios y a los cuales siguen pena y placer
tales como la ira, la compasión, el temor, y otras cosas semejantes y sus
opuestas.
Según esta conceptualización, las emociones
requieren generar percepciones posteriores –que Aristóteles concibe como
percepciones (αἰσθήσεις), tales como la pena o el placer.[34]
Se trata de un concepto útil para el objetivo final del texto que consiste en
definitiva en presentar los páthe
como material susceptible de ser controlado por decisiones del orador. El
comienzo del Libro II muestra pues que la retórica es capaz de condicionar el
juicio del oyente precisamente a través de esos páthe (Rhet.
1377b20-1378a3):
ἐπεὶ
δὲ ἕνεκα
κρίσεώς ἐστιν
ἡ ῥητορική
(…) ἀνάγκη
μὴ
μόνον πρὸς
τὸν
λόγον ὁρᾶν,
ὅπως
ἀποδεικτικὸς
ἔσται
καὶ πιστός, ἀλλὰ
καὶ αὑτὸν
ποιόν τινα καὶ
τὸν
κριτὴν
κατασκευάζειν˙
(…) οὐ γὰρ
ταὐτὰ
φαίνεται φιλοῦσι
καὶ μισοῦσιν,
οὐδ᾽ ὀργιζομένοις
καὶ πράως ἔχουσιν,
ἀλλ᾽ ἢ
τὸ
παράπαν ἕτερα
ἢ
κατὰ
μέγεθος ἕτερα˙
Y puesto
que la retórica tiene por objeto un juicio (…) es necesario así atender al
discurso, no solo a que sea demostrativo y digno de crédito, sino también a
cómo debe presentarse uno mismo y a cómo disponer al que juzga (…) Pues las
cosas no se presentan iguales para los que sienten amor que para los que odian,
ni para el que está encolerizado que para el que tiene calma, sino que o son
diferentes en su totalidad o bien diferentes en magnitud.
Dado que son necesarias para disponer al auditorio
de manera adecuada a fin de que forme un juicio de valor, las emociones son
incluidas en Aristóteles como uno de los tres medios de persuasión retóricos o
pruebas (písteis) que debe manejar
todo orador, en tanto habilitan un manejo consciente por parte de quien
pretende obtener un efecto determinado en quienes escuchen y deban decidir a
favor de cierto argumento.[35]
Cabe tener en cuenta aquí que, precisamente, para
Aristóteles el examen de las emociones constituye una operación de tipo cognitivo,
en tanto aquellas dependen en cierta medida de un constructo racional. Como ha
sostenido Fortenbaugh (1975) en su agudo libro pionero sobre el tema, el
análisis proporcionado en Retórica
deja en claro que las emociones (aunque no racionales)[36] dependen del pensamiento, y por lo tanto
de ello se desprende que resulte posible para un orador o un poeta motivar de
forma racional una apelación “razonable” destinada a engendrar huellas
emotivas.[37]
Así, volviendo a Gorgias, podemos decir que, en una
línea semejante a la conceptualización aristotélica de la “generación”
intencionada de páthe, lo que
interesa en el Encomio es que, en
todos los casos, los afectos son producidos
por el discurso, en tanto aparece una serie de verbos transitivos
(representados en los infinitivos παῦσαι,
ἀφελεῖν,
ἐνεργάσασθαι
y ἐπαυξῆσαι) que tienen por objeto estas secuelas subjetivas.
El Encomio
se ocupa de identificar distintos tipos de discursos: la poesía, el
encantamiento, las palabras de astrólogos y los intercambios filosóficos.[38]
Los dos primeros parecen funcionar de modo semejante, ingresando en el alma
para producir en ella consecuencias.[39] Así como
Helena puede haber sido afectada en sus emociones por efecto del discurso, en
el pasaje siguiente el texto de Gorgias atribuirá esas mismas consecuencias a
su propio lógos literario —asemejado
a la poíesis—,[40] que
también entonces puede ser visto como un soberano ínfimo con un inmenso poder
de convencimiento (IX):
δεῖ
δὲ
καὶ δόξηι
δεῖξαι τοῖς
ἀκούουσι·
τὴν
ποίησιν ἅπασαν
καὶ νομίζω
καὶ ὀνομάζω
λόγον
ἔχοντα
μέτρον·
ἧς
τοὺς ἀκούοντας
εἰσῆλθε
καὶ φρίκη
περίφοβος
καὶ ἔλεος
πολύδακρυς
καὶ πόθος
φιλοπενθής,
ἐπ'
ἀλλοτρίων
τε πραγμάτων
καὶ σωμάτων
εὐτυχίαις
καὶ
δυσπραγίαις
ἴδιόν
τι πάθημα
διὰ τῶν
λόγων
ἔπαθεν
ἡ
ψυχή.
Y es
necesario mostrarlo con una opinión a quienes escuchan: considero y defino a
toda la poesía como un discurso que tiene metro. A quienes la escuchan los
invade un temor que estremece, una compasión que produce muchas lágrimas y un
deseo que ama el dolor, y ante fortunas y desgracias de acciones y cuerpos de
otros el alma padece, a causa de los discursos, un padecimiento propio.
En
efecto, la poesía —y por lo tanto el lógos—[41]
tiene el poder de generar miedo o conmiseración, deseo y sufrimiento; esa
mezcla de emociones y percepciones se identifica en la presencia de sustantivos
acompañados de adjetivos compuestos que los califican a partir de afectos
diferenciados, como la compasión que genera llanto (ἔλεος
πολύ-δακρυς) o el
anhelo cercano a la pena (πόθος
φιλο-πενθής). Si el
discurso lleva al alma a experimentar sentimientos que le son inherentes (como
surge de modo enfático en el verbo ἔπαθεν
con su acusativo interno, πάθημα),[42]
es porque se asimila al canto que encanta y que, con ello, genera sensaciones
placenteras (X):
αἱ
γὰρ
ἔνθεοι
διὰ λόγων
ἐπωιδαὶ ἐπαγωγοὶ ἡδονῆς,
ἀπαγωγοὶ
λύπης
γίνονται·
συγγινομένη
γὰρ
τῆι
δόξηι
τῆς
ψυχῆς ἡ
δύναμις
τῆς
ἐπωιδῆς
ἔθελξε
καὶ ἔπεισε
καὶ μετέστησεν
αὐτὴν
γοητείαι. γοητείας
δὲ
καὶ μαγείας
δισσαὶ τέχναι
εὕρηνται,
αἵ
εἰσι
ψυχῆς ἁμαρτήματα
καὶ δόξης
ἀπατήματα.
Pues los
cantos inspirados por los discursos son portadores del placer y apartadores del
dolor; pues el poder del canto, cuando se encuentra con la opinión del alma, la
hechiza, la persuade y la transforma por un encantamiento. Del encantamiento y
de la magia, dos artes han sido inventadas que son errores del alma y engaños
de la opinión.
Este
hechizo que consiguen las palabras es asimilable, en definitiva, a una droga, a
un φάρμακον, pues
consigue captar al otro, engañarlo, someterlo para conseguir los fines que
quien actúa reclama respecto de quien lo sufre o padece (XIV):
τὸν
αὐτὸν
δὲ
λόγον
ἔχει
ἥ
τε τοῦ λόγου
δύναμις
πρὸς τὴν
τῆς
ψυχῆς τάξιν
ἥ
τε τῶν
φαρμάκων τάξις
πρὸς τὴν
τῶν
σωμάτων φύσιν.
ὥσπερ
γὰρ
τῶν
φαρμάκων ἄλλους
ἄλλα
χυμοὺς ἐκ
τοῦ σώματος
ἐξάγει,
καὶ τὰ
μὲν
νόσου
τὰ
δὲ
βίου
παύει, οὕτω
καὶ τῶν
λόγων
οἱ
μὲν
ἐλύπησαν,
οἱ
δὲ ἔτερψαν,
οἱ
δὲ ἐφόβησαν,
οἱ
δὲ
εἰς
θάρσος
κατέστησαν
τοὺς ἀκούοντας,
οἱ
δὲ
πειθοῖ τινι
κακῆι τὴν
ψυχὴν ἐφαρμάκευσαν
καὶ ἐξεγοήτευσαν.
Pues el
poder del discurso respecto de la disposición del alma tiene el mismo discurso
que la disposición de las drogas respecto de la naturaleza del cuerpo. Pues así
como diferentes drogas expulsan diferentes humores del cuerpo y en algunos
casos detienen la enfermedad y en otros la vida, así también entre los
discursos unos provocan dolor, otros producen placer, otros atemorizan, otros
impulsan a los oyentes al coraje, otros drogan y encantan el alma con cierta persuasión
mala.
Los
efectos de los φάρμακα, así
como los de las palabras, pueden ser positivos o negativos, y ello dependerá de
quien los manipula. Dolor, placer, temor o coraje son posibles resultados de
esa inoculación poética. Gorgias muestra bien que, así como Helena ha sido
llevada por esa inspiración subjetiva, quien escuche sus palabras —los jueces
del discurso— habrán de ser conducidos hacia un estado de ánimo que traduzca la
necesidad de su absolución.[43]
Conclusión
La
emoción parece ser una característica que signa al personaje de Helena desde su
primera aparición física en el relato de la Ilíada.
Cuando Iris la va a buscar a las murallas en el Canto III para que presencie el
enfrentamiento, la encuentra componiendo una tela doble de púrpura, en la que
entretejía los trabajos que los troyanos y los aqueos habían sufrido (ἔπασχον) por
ella bajo los golpes de Ares (vv.
121-129).[44]
Pero así
como Helena sufre y percibe los dolores que ocasiona la guerra, también los
vuelca artísticamente en su telar e incluso contribuye a superarlos. Recordemos
que, en el comienzo del Canto
IV de la Odisea, ella
consigue producir entre los espartanos y los compañeros de Telémaco un efecto de placer
capaz de superar la pesadumbre. Allí, dado que los hombres se hallan entristecidos por el relato de Menelao acerca de los
muertos en Troya, ella decide verter una droga (φάρμακον, v. 220) al vino capaz de disipar el dolor y la cólera (νηπενθές
τ' ἄχολόν
τε, v. 221) y hacer olvidar los males (κακῶν ἐπίληθον
ἁπάντων, v. 221), con
lo cual consigue finalmente deleitar con palabras a los oyentes: μύθοις τέρπεσθε
(v. 239). La relación en el pasaje entre el relato y la droga —nexo metafórico ya advertido desde la antigüedad—[45]
lleva a pensar en el rol intoxicante de la poesía y sus efectos emotivos como
antídoto del sufrimiento.[46]
La imaginería pregnante que repercute en el pasaje adquiere
una nueva riqueza de sentido si con ella se ilustra la propuesta gorgiana. El
ejemplo odiseico deja entrever a
contrario sensu que, cuando ya no esté presente Helena para provocar páthe mediante sus pócimas engañosas, su
simple mención podrá servir para conseguir esos fines persuasivos y manipular a
los otros. Mucho antes de la reflexión aristotélica en torno del valor de las
emociones como medios de prueba, quizás el juego (παίγνιον, ΧΧΙ) de Gorgias —la ficcionalización
de una defensa judicial— consistió en dar a entender que, si se lo pretende, la
propia palabra (como fuerza arrasadora) puede llevar consigo un impacto
inherente de emoción, muy apropiado para los alegatos forenses, que incluso
supera el poder físico.[47]
El testimonio del Encomio,
como μῦθος verosímil destinado a producir deleite,[48]
enseña que los lógoi que convencen
producen un estado empático en quienes los reciben. La moraleja gorgiana es,
entonces, clara: con el tiempo (y con la creación de la retórica) Helena, la
más hermosa de todas, la que producía sentimientos con su presencia, con sus
palabras y con sus phármaka, seguirá
conmoviendo a los jueces. Nos seguirá afectando a nosotros —como se desprende
de Cassin—[49]
ya no como cuerpo bello sino como palabra efectiva.[50]
Emiliano J. Buis
CONICET
Universidad
de Buenos Aires
ebuis@derecho.uba.ar
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[1] Este trabajo forma parte
de las actividades llevadas a cabo en el marco de los proyectos de investigación UBACyT (20020120200051) “Normatividad
y nómoi
domésticos: regulaciones, legitimaciones, (des)órdenes e infracciones
literarias de los patrones familiares y prácticas del parentesco en la Grecia
Antigua” (2013-2015, en formación, tipo B) —que dirigí en el
Instituto de Filología Clásica (FFyL-UBA), aprobado y financiado por la
Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires (UBA)— y
DECyT (DCT1407) “Las pasiones del derecho internacional: estructuras emotivas y
sentimientos estatales en la historia del ius gentium” (2014-2016), a mi cargo en la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires. Una versión menos desarrollada del presente
trabajo fue leída en las Segundas Jornadas Internacionales de Ficcionalización
y Narración en la Antigüedad, el Tardoantiguo y el Medioevo “Un milenio de contar historias”, que
tuvo lugar en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos
Aires los días 25 al 27 de noviembre de 2015.
[2] La
complejidad del personaje de Helena torna su análisis una empresa de largo
aliento. Cabe reconocer que, en su caracterización y en la valoración de sus
acciones (incluyendo la infidelidad y el adulterio), en mucho ha influido una
imagen histórica sobre la mujer forjada en la antigüedad griega (y más allá)
desde perspectivas masculinas; cf. Bettini
& Brillante (2008: 63). Sobre la construcción histórico-literaria de
Helena como personaje, puede consultarse el libro de Hughes (2006).
[3] El
texto griego procede de la edición de Monro
& Allen (1920). La traducción, aquí y en el resto de las citas del
trabajo, nos pertenece.
[4] Este
testimonio se condice con el pasaje de Il.
VI, vv. 344-358, en que Helena dirá que los dioses causan los males y que Zeus
les dio a ella y a Paris mala suerte.
[5] A
ello debe sumarse Od. XXIII, vv.
218 ss. en que Penélope dice que la
acción deshonrosa de Helena se debió a la acción de Ate; sobre estas lecturas
cf. Bieda (2008), quien además
comparará el texto de Gorgias que aquí estudiaremos con el corpus trágico de Eurípides. El texto griego de Odisea es el de von der Muehll (1945).
[6] Como ya indicaba Groten (1968: 39), “Homer, we must remember, is primarily a story
teller, and since the issue of Helen's personal responsibility is not central
to his plot, he clearly leaves the matter in doubt, while not hesitating to
reveal the results of her conduct. Whatever may be the verdict about her
complicity, few will doubt her intrinsic integrity and worth”.
[7] La
edición corresponde a Voigt
(1971); hemos sin embargo omitido las indicaciones de las letras de lectura
dudosa en el manuscrito.
[8] Pfeijffer,
I. L. (2000: 4) analiza este poema y concluye que el exemplum sáfico de Helena es interesante en la medida en que se
trata de una mujer que, al tomar la decisión de seguir a Paris, “becomes an example of someone giving a higher
priority to the object of her love than to possible belligerent effects of her
preference”.
[9] Tradición en la
que dejaremos de lado, por ejemplo, los testimonios según los cuales Helena no
pudo ser responsable porque de hecho nunca viajó a Troya, sino que fue una
imagen suya la que terminó llegando a Asia. Esta versión es atribuida a la Palinodia del poeta lírico Estesícoro en
el s. VI a.C., citada por Platón en Fedro 243a-b en estos términos: “No es verdadero ese decir; / ni embarcaste en las naves de firme cubierta,
/ ni llegaste a la fortaleza de Troya” (οὐκ ἔστ᾽ ἔτυμος λόγος οὗτος, /
οὐδ᾽ ἔβας ἐν
νηυσὶν εὐσέλμοις,
/ οὐδ᾽ ἵκεο Πέργαμα
Τροίας; Estesícoro, fr. 23, Bergk). Cf. República 9.586c; Isócrates 10.64.
[10] Wardy (2005) ha relevado esta
imprecisión genérica, que coloca a Gorgias en un punto intersticial entre la
defensa y la alabanza. Al respecto, cf. Mazzara
(1999: 182-188).
[11] McDermott (2004: 692). Si bien es
posible trazar diferentes entre la noción de “emoción” y conceptos como
“afecto” o “sentimiento”, a los efectos de este trabajo introductorio los
postulamos como sinónimos.
[12] Fattah & Fierke (2009:
70).
[13] Crawford (2000: 123-124).
[14] Cf. Bandura (1973). Lutz
(1988: 5), en este sentido, aclara: “Once de-essentialized, emotion can be viewed as a cultural and
interpersonal process of naming, justifying, and persuading by people in
relationship to each other. Emotional meaning is then a social rather than an
individual achievement –an emergent product of life”.
[15] Khaneman (2011: 211).
[16] Clore (1992: 133-163).
[17] “L’émotion ne s’oppose pas frontalement à la
rationalité mais tisse des liens étroits avec elle” (Flückiger, 2009: 77). Esta
afirmación se basa en los estudios neuropsicológicos recientes que han
determinado cómo, en su complejidad, la emoción y la cognición poseen en
realidad contenidos complementarios y no opuestos.
[18] Es
la tesis del texto de Frijda
(1986).
[19] Maroney (2006: 120). El texto ofrece una interesante aproximación a este campo
de análisis desde sus bases teóricas.
[20] Bandes (1999);
Bandes & Blumenthal (2012: 161-181); Lange (2002: 197-225).
[21] A partir del libro señero de Konstan (2006a) —focalizado en las
emociones aristotélicas pero en relación con el resto de los testimonios
literarios de la Atenas clásica—, pueden citarse las destacadas contribuciones
de los volúmenes colectivos de Munteanu
(2011), Chaniotis (2012) y Chaniotis & Ducrey
(2013).
[22] Cronin (1939: 473).
[23] El
texto griego corresponde a la edición de Burtt
(1962).
[24] El
texto griego corresponde a la edición de Ross
(1959).
[25] Sobre
los debates en torno del momento de su composición, cf. Orsini (1956: 82-88).
[26] Acerca
del profundo conocimiento de derecho que puede observarse en los textos
gorgianos, cf. Giombini (2015:
65-77).
[27] Gagarin (1999: 72). Se ha sostenido que en
Gorgias ya aparece un vocabulario muy claro vinculado con la responsabilidad
jurídica; cf. Ioli (2013: 232).
[28] Puede leerse
esta oposición entre actividad/pasividad, claramente, en términos de género.
Sobre una interpretación de la obra gorgiana a partir de la oposición
masculino/femenino, cf. Crockett (1994: 71-90).
[29] La
edición del texto gorgiano (fr. 11) corresponde a Diels & Kranz (1952).
[30] Al
respecto, véase Casertano (1982:
7-8) y (1986: 211-220).
[31] Aristóteles
mencionará el placer (ἡδονή) —y no la alegría— como una de estas
sensaciones capaces de involucrar una suerte de proceso físico-corporal.
[32] Los otros páthe descriptos allí serán la cólera (ὀργή
II, 2), la calma (πρᾳότης
II, 3), el amor
(φιλία, II, 4), el coraje (θάρσος II, 5), la vergüenza
(αἰσχύνη II,
6), la gratitud (χάρις II, 7), la indignación
(νέμεσις II,
9), la envidia (φθόνος II, 10) y la emulación
(ζῆλος II, 11).
[33] “… the range of πάθη that Aristotle treats in Book II of the Rhetoric
seems, again, like a reasonable approximation to the spectrum of sentiments
that we would identify as emotions” (Konstan,
2006b: 140).
[34] En
Gorgias esta diferenciación aristotélica entre páthe y aisthéseis no
parece plantearse, en la medida en que para el sofista el temor (φόβος) o
el dolor (λύπη) están en un
mismo plano sintáctico, y por lo tanto conceptual.
[35] “Aristóteles
encuentra que las pasiones del oyente pueden disponerse con palabras
discursivas, pues hay una conexión entre las pasiones, la palabra, la
persuasión y, por lo tanto, el juicio” (Cárdenas
Mejía, 2015: 54). Acerca de πάθος como término
que —como el ἦθος
(en esencial no emocional)— designa medios de persuasión (πίστεις) y
a la vez el material utilizado en dichas pruebas, ver Wisse (1989: 4). Al respecto, puede consultarse también Conley (1982: 300-315).
[36] En
tiempos muy recientes, Dow (2015)
ha sostenido que para Aristóteles despertar pasiones en los otros implica
brindarles un fundamento de convencimiento, ya que el manejo persuasivo es una
experticia que se funda en el ofrecimiento de pruebas (písteis); de allí su impronta racional. Recordemos que Aristóteles
propone una especie de psicología bipartita, en tanto para él los seres humanos
poseen todos una parte racional y otra que no lo es; si los animales sólo
presentan la parte irracional, los hombres en cambio se caracterizan por
desarrollar una arista ética y política que está ausente en otras criaturas
vivientes. En la medida en que las emociones deben estar sometidas a la razón,
es posible entonces producir una educación de carácter afectivo destinado a
producir hombres comprometidos ética y políticamente; cf. Bégorre-Bret (2009: 35).
[37] Se
ha discutido si, con esta conceptualización, Aristóteles elabora una verdadera
teoría de las emociones, como sostenía Fortenbaugh
(1975) o sólo se limita a ofrecer un panorama del valor de la producción de
emociones en contextos retóricos muy limitados, sin pretender ofrecer una
visión comprehensiva del fenómeno, como sugieren más bien autores como Striker (1996: 286-287) o Cooper (1999: 406-407). En parte, estos
últimos textos se ocupan de mostrar ciertas contradicciones internas, como el
pasaje de Rhet. 1.1 en que se
rechaza, precisamente, el rol que puede tener la retórica en la producción de
emociones. Esta aparente inconsistencia ha sido estudiada, desde varios
posicionamientos, por Dow (2007).
[38] Cf. Valiavitcharska
(2006: 150-152).
[39] Spatharas (2001: 403).
[40] “…Gorgias’ principal argument to
prove the power of logos is its
likeness to poetry. Gorgias makes a formal analogy between logos and poetry, then he describes the way in which those who
listen to poetry come under its spell” (Shaffer,
1998: 252). Así, la obra gorgiana produce los mismos impactos
emotivos que la poesía; cf. de Romilly (1973: 161-162).
[41] Señala Spangenberg
(2010: 83): “En el contexto de la tradición poética esta referencia cobra una
particular importancia. Supone adscribirle a la poesía y a la prosa una raíz
común, el lógos. La estrategia de
Gorgias consistiría, a mi entender, en desdibujar la especificidad de la poesía
para conferirle al discurso en su integridad la característica fundamental que
a ella le pertenece: su carácter performativo”.
[42] Acerca
de esta insistencia en el verbo πάσχω, cf. Davolio & Marcos (2011: 57-58).
[43] Ese es,
precisamente, el “pouvoir de la poésie” que reconoce de
Romilly (1973: 155-162).
[44] Por
lo demás, tras las palabras de Iris disfrazada de su cuñada Laódice, Helena se
retirará en lágrimas (v. 142).
[45] Por
ejemplo en Plutarco (Quaestiones
Conviviales 1.1.4, 614c) o Macrobio (Saturnalia
7.1.18).
[46] Las
palabras de la propia Helena (Od.
IV, vv. 235-254) llevan a interpretarla como una poetisa del kléos de Odiseo; cf. la lectura que del
pasaje realiza Bergren (1981:
201-214).
[47] La
persuasión discursiva, en este sentido, es placer estético; cf. Segal (1962: 122).
[48] Aquí también la relación con Odisea es
pertinente. En los pasajes del canto IV ya citados, Helena alegaba que su discurso serviría para deleitar en su verosimilitud (vv. 238-239): “ἦ τοι νῦν
δαίνυσθε
καθήμενοι ἐν μεγάροισι /
καὶ
μύθοις
τέρπεσθε: ἐοικότα γὰρ καταλέξω.” (“Y ahora por cierto celebren ustedes, sentados en el palacio, y disfruten de los relatos, pues yo
contaré cosas verosímiles”). Mediante el mismo
término, el propio Gorgias habla de la verosimilitud (eikós) de su planteo en V; acerca del sentido de la noción en el
pensamiento del sofista, quien pretende presentar sus palabras como más
aceptables y creíbles que otros discursos, ver Chialva, I., M. M. Bonacossa, M. N. Cassis & M. L. Omar (2013: 85-86).
[49] “Hélène est double parce
qu’elle est à la fois Hélène et « Hélène » ; son aventure est
celle du langage, c’est-à-dire celle du moment où le mot est plus chose que la
chose. Hélène est « Hélène », Hélène est un effet de dire, parce
qu’Hélène est le nom du dire comme efficace” (Cassin,
1995: 75).
[50] Agradezco los comentarios de los evaluadores
anónimos, que con sus recomendaciones han llevado a mejorar algunos aspectos de
este artículo.